domingo, 13 de abril de 2014

La historia de Därrick - Capítulo 5 - ¡Apresados!



Un domingo más, tenemos con nosotros un nuevo capítulo de la historia de Därrick, justo desde el punto donde lo abandonamos la semana pasada. ¿Quienes serán esos seres que están arrasando las aldeas en las tierras de Alterac?. Descubrirlo por vosotros mismos!

Capítulo 5 - ¡Apresados!

El camino estaba helado, la respiración de Därrick comenzaba a entrecortarse como el filo de una espada al golpear el ululante viento. El sol comenzaba a posarse, pero la compañía de soldados mencionada por los caballeros de la Mano de Plata debía proseguir su camino, encomendándose a la única misión que se les había otorgado: erradicar los males que se alzaban en aquellos parajes.

La hueste de soldados estaba compuesta por algunos recién allegados a la Mano de Plata. Därrick conseguía distinguir a muchos de ellos, provocándole un sentimiento de nostalgia irremediable por el paso de los años, pero sus pensamientos no estaban centrados ahora mismo en sus jóvenes compañeros. Cada pisada se convertía en un atisbo de incertidumbre, en un aciago sentimiento de terror que le sobrecogía el corazón. Poco a poco, la compañía de soldados iba avanzando hasta su destino, las tierras Altas.

- Därrick, muchacho, ¿te encuentras bien?.

Mencionó el capitán al mando de la misión

- Sí mi capitán, simplemente son meros pensamientos que nublan mis acciones y, que por desgracia, llevan un tiempo aciago acompañándome.

El capitán estaba expectante ante las palabras de su soldado, pero debido al peligro de la misión, giró la cabeza y siguió encaminando la marcha.

El frío comenzaba a helar el viento, los soldados intentaban arroparse con sus capas, pero la nieve estaba ya presente en cada parte del húmedo suelo. La zona en la que se hallaban estaba en un punto elevado en las montañas, por ello, la nieve era un rasgo común de aquel clima. 

Pisada a pisada, la hueste de soldados avanzaba a su destino. Unos con otros, susurraban y rumoreaban sobre la situación en la que se encontraban. Algunos incluso se atrevían a hablar del hijo del rey, Arthas, y Uther, los cuáles habían sido mandados a la defensa de Strahnbard, un pequeño pueblo que se depositaba a escasas millas de las tierras Altas.

De pronto, un aullido se proclamó en la zona, como un atisbo de un mal presagio de un inminente mal. Sin mayor aviso, una lanza salió disparada en dirección al pecho de uno de los compañeros de Därrick, atravesándole completamente el corazón y empujándolo contra el helado suelo. El joven paladín no podía creer lo que estaba viendo, estaba exhausto por la situación y aletargado. 

Rápidamente, una horda de feroces orcos salió de las proximidades de unos árboles y asaltó a la compañía de soldados. Estas viles criaturas, de piel verdosa, presentaban un aspecto feroz. Sus armaduras estaban hediondas y mal forjadas, y sus armas oxidadas y resquebrajadas por el paso del tiempo, aunque punzantes y peligrosas.

-¡A las armas soldados, desenvainar las espadas, protegeros con vuestros escudos!-

Gritó ahora el capitán de la hueste, preso de la desesperación por hallarse en tal situación.

Las espadas cortaban el aire, los orcos avanzaban sin temor, y la hueste de la Mano de Plata se encontraba en clara desventaja numérica. Pese a ello, Därrick desenvainó su espada y se apresuró a rebanar unas cuantas cabezas orcas. El primero se abalanzó sobre el joven paladín, como una hiena muerta de hambre, pero debido a su elevado peso y corpulencia, Därrick consiguió esquivarlo y decapitarlo para así acabar con su cruel vida.

Uno tras otro, los orcos acababan con una compañía que, si no ocurría un milagro, caería presa de las garras orcas. Därrick continuaba alzando su espada, combatiendo contra los viles orcos, golpeando su acero contra aquellas hojas desquebrajas por el paso de tiempo. De pronto, un orco ensangrentado apresó a Därrick por la espalda. Éste intentaba estrangularlo, como si las armas hubieran pasado a un segundo plano.

El joven paladín estaba en una situación muy delicada. El número de compañeros se reducía notablemente, los orcos aparecían de la nada, pero la situación no iba a dejar de empeorar ahí. Därrick proseguía con su forcejeo, el orco lo tenía amarrado por casi todas las partes de su cuerpo, pero debido a sus artes como paladín, y a la mano que aún quedaba libre de la fuerza orca, lanzó un haz de luz que cegó al orco por completo y a un grupo que se encontraba a escasos centímetros de la situación. Rápidamente, Därrick alzó su espada y la introdujo en el pecho de aquella espantosa criatura. 

El orco agarró el filo que profundizaba hasta el otro lado de su ser e intentó extraérselo zarandeado la espada y al propio paladín. Därrick no podía entender aquella situación, ¡la espada estaba completamente atravesada y el orco seguía con vida!. 

Rápidamente, el muchacho sacó la filo del pecho del orco, cortando la mano de éste, y le rebanó la cabeza sin previo aviso. La situación era más delicada de lo que él mismo podía imaginar. El capitán de la hueste tenía la cabeza completamente empotrada contra el suelo, en una charca de sangra enorme dejaba por la cantidad de cortes que tenía su cuerpo desmembrado.

Los orcos cesaron de golpear. Los soldados se encontraban en el suelo, muertos de dolor y repletos de heridas provocadas por el combate. Därrick tenía el cuello forzado, las piernas agotadas y una herida, provocada por un hacha, que le recorría parte de la espalda. 

Un gran orco irrumpió en la mancillada situación. Esta criatura era aún más grande que los demás y presentaba un aspecto mucho más mortífero y terrorífico. Con una evidente sonrisa en los labios, el orco mayor se acercó a uno de los compañeros del paladín, alzó su espada y dijo:

-Despojos humanos, vuestra carne es débil. Hoy vais a ser presos de la angustia, del terror y de la muerte.

-El señor estará contento con el presente que le vamos a mandar. Rápido soldados, estos humanos van directos al sacrificio.

¿Sacrificio?. Därrick estaba aterrorizado, apenas quedaban cuatro miembros de la hueste junto a él. Los orcos comenzaron a agarrar a los humanos supervivientes y los arrastraron de forma violenta prosiguiendo un sendero paralelo al camino que había pisado la compañía anteriormente. 

Algunos soldados gritaban de dolor, las heridas eran profundas. Los orcos empujaban a los supervivientes, golpeándolos contra el suelo, escupiéndoles, tirando de ellos como si no fueran más que débiles troncos de ramas secas. Därrick, arrastrado por un vil orco, estaba exhausto, espantado por la palabra que acaba de escuchar. Lo único que podía deducir de todo aquello es que iban a ser sacrificados, pero ¿por qué?, y ¿para qué?. 

El suelo estaba repleto de piedras incesantes que se clavaban en el trasero del joven paladín. Därrick estaba dolido, muerto de cansancio y aterrorizado. Durante el trayecto, el joven paladín hacía un esfuerzo por distinguir frases, palabras que le explicaran que era todo aquello. Clan Roca Negra, orcos, e incluso demonios, surgía de la boca de alguna de aquellas viles criaturas.

Sin previo aviso, los orcos frenaron su marcha y lanzaron violentamente a los humanos hacia un foso. Habían llegado a una especie de campamento orco. Este lugar estaba repleto de sangre, cadáveres...apestaba a putrefacción y demás cosas nauseabundas, pero de entre todo el decorado, hubo algo que había llamado la atención de Därrick. Unos monolitos, de aspecto oscuro y rojizo, se posaban en aquel paraje. Emanaban un aura oscura y terrorífica, además, tenían grabados letras en un lenguaje que Därrick no había leído nunca.

 Un orco, que se hacía llamar "maestro de acero", asomó su cabeza en aquel hediondo y apestoso agujero en el que se hallaban los pocos supervivientes humanos. 

-Serán gratas presas para el sacrificio.

-Vamos panda de inútiles, realizar los preparativos, hoy nuestros señores demoníacos nos recompensarán por tal sacrificio-

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Puedes ver los anteriores capítulos de esta historia por aquí!

¿Quieres saber más acerca de la historia narrada?, entonces no dudes en acudir a AreaJugones y conocer la vida de Nalia, una atractiva pícara cuyos acontecimientos serán narrados en una vida paralela a la de Därrick.

¡El próximo domingo espera un nuevo capítulo, estar atentos!


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